N1 – LA FERIA DE 1920
LA BELLE EPOQUE EN ALCÁZAR
José Fernando Sánchez Ruiz
Con este dibujo que presenta un perfil de Alcázar de San Juan, el director del periódico local Tierra Manchega Ángel Soubriet en 1920 significaba su idea sobre la población, de sus escritos se podrían extractar rasgos que identificaran a los alcazareños, pero eso será motivo de otro viaje en el tiempo. El carácter alcazareño y el espíritu colectivo del lugar, nos distingue como pueblo. Este espíritu se acrecienta mucho más cuando llegan sus fiestas, como en este caso la Feria, donde el forastero, se mezcla con el alcazareño recordando tiempos pasados, y aflora el carácter hospitalario y servicial que siempre ha tenido Alcázar de San Juan. Este fenómeno se produce especialmente desde la segunda mitad del siglo XIX con la llegada del ferrocarril, cuando se produjo el choque del llamado forastero, con un pueblo abierto como es Alcázar a la comunicación, de fácil acceso, sin prejuicios para el extraño, por lo tanto se creó un carácter nuevo, mezclándose los ya naturales con los extraños, confundidos en uno solo, que se sintetizaron también en definitiva en la forma de realizar sus actividades lúdicas. Gracias a este impulso del progreso, los modos de pensar de la población cambiaron, con las influencias de los recién llegados, se empiezan a formar una serie de centros de recreo, como el Casino de Alcázar, creado en 1850, el Círculo de la Unión y el Círculo Mercantil, estos a principios del siglo XX, la base económica de la población que en aquella época era eminentemente cerealística y salitrera, pasa a ser comercial, industrial y vitícola.
Gracias a este florecimiento económico que la ciudad adquiere, se producen unas series de mejoras, que revierten a principios del siglo XX, instalándose el saneamiento, alumbrado público, la traída de aguas, el hospital asilo, también se empiezan a modificar sus edificios mezclándose los estilos tradicionales con estilos modernistas y las nuevas tendencias del momento, y en definitiva su estructura como ciudad cambia, siendo mas comercial e industrial, redundando en un floreciente comercio con ejemplos como la ferretería “El León”, la imprenta de Benigno Alaminos Navarro, la Casa de Pedro Escudero, el Almacén de tejidos de Antonio Ortiz, y otros muchos que aparecen por casi toda la localidad. A este comercio, se une una industria emergente como la fábrica de hielo “La Siberia” o la Fábrica de Harinas “El Alcázar”, propiedad de Francisco Sáiz y las relacionadas con el vino como la de Bernardo Mazuecos, situada en la antigua bodega de “La Espada” o la de Fortunato Ropero o los hijos de Marcelo Vaquero o la fábrica de los hermanos Peñuela, unidas a las grandes empresas bodegueras venidas de fuera, que exportaban vino a Francia. En definitiva una sociedad pujante que se refleja igualmente en su Feria.
Para muestra de ello escogemos un análisis de la Feria de 1920, de la que cabe reseñar que comenzó el 7 de septiembre y se alargó hasta el día 12 del mismo mes. Entre sus celebraciones su primer acto fue la función religiosa en honor de la patrona, la Virgen del Rosario, reuniéndose desde el primer momento el aspecto religioso y el lúdico, celebrándose una gran verbena en la plaza de Santa Quiteria al finalizar la función religiosa. Aquella verbena fue protagonizada por la Filarmónica Alcazareña, con un concierto y finalizó con una traca a cargo de una empresa de Valencia. Hoy este tipo de actividades se han transformado en las distintas verbenas populares y en el baile del vermut.
El acto más importante de la noche en los años veinte se cerraba con el espectáculo mas vanguardista del momento, el cinematógrafo, que aunque Alcazar ya había visto algunas sesiones era la atracción principal del publico. Funciones de cine al aire libre que se realizaban en la misma plaza de Santa Quiteria.
El real de la Feria de aquel año se limitaba a la conjunción de la calle Castelar y las Plazas de la Fuente y Santa Quiteria, y se puede describir como un mercado de novedades con algunas atracciones mecánicas, puestos o paradas de productos alimenticios poco usuales, entretenimientos para los chicos y los mozos, venta de productos domésticos especialmente alfarería y mercado de ganado.
Se inauguraba la Feria en la mañana del día siguiente, el 8 de septiembre, cuando ahora termina, durante todo el siglo XX, la fecha de la feria se fue adelantando para ajustar los días de diversión al calendario laboral y productivo de la población. Para abrir la Feria con grandes dosis de ilusión, ya la comisión municipal organizadora de la misma, se encargaba de preparar una elevación de globos grotescos y la función principal a la Virgen que hoy como es natural se sigue manteniendo el ocho de septiembre.
Con carácter general a la tarde tenia lugar el concierto musical de la banda en la feria y por la noche la Procesión de la Imagen de la Virgen del Rosario. A la noche se cerró la jornada festiva con una segunda sesión de cine al aire libre, la gran pantalla había irrumpido con fuerza entre la población, y los pases de películas en Alcázar eran un importantísimo acontecimiento social y cultural que hacía que se repitiera casi todos los días.
Los toros fueron otra de las características significativas de las fiestas en la ciudad, en la vieja plaza de toros que se situaba al final del recién inaugurado parque de Cervantes, concentraba las acciones sociales mas importante del Alcázar de la “belle epoque”, era una ciudad recién vestida de largo, con el parque, la luz eléctrica, el agua potable alguna instalación deportiva la nueva estación del ferrocarril y otras muchas maravillas que habían llegado hacía solo unos años. Casi toda la vida social de la población se desarrollaba teniendo como eje la antigua carretera del Campo, a un lado la calle Emilio Castelar y el Paseo de la Estación y al otro el Parque Cervantes, campo de fútbol y la plaza de toros. Las corridas de toros y los festejos de novillos marcaron una época en aquella plaza, y alrededor de ella apareció una de las figuras taurinas más interesantes de la población el novillero y matador Laurentino Carrascosa, los toros de aquella feria fueron en el primer festejo de cuatro novillos de la ganadería de Manuel Santos, y los diestros Mariano Montes y Parejito.
En el segundo festejo cuatro novillos de la ganadería de Antonio Sánchez Tardío a cargo de los diestros Torquito II y Mariano Montes. Eran años en los que Alcázar aun contaba con el resto de sus antiguas ganaderías que habían sido famosas en las Ferias madrileñas desde el siglo XVII. El insigne pintor Ángel Lizcano entusiasmado por los aspectos taurinos bajó en tren desde Madrid a su pueblo a ver las corridas y tomar apuntes del escorzo de los toreros para algunas de sus obras. La feria taurina se cerró el ultimo día de Feria, con un festival cómico-bufo-taurino-musical, que conllevaba un concierto en el redondel de la plaza por la Filarmónica y la lidia de un novillo utrero de la ganadería de Antonio Sánchez Tardío, cerrando el espectáculo la presentación de los reyes del toreo cómico- bufo Charlot, Arpillera y su Botones, que tuvieron faena de dos novillos erales. Para terminar el espectáculo, se sorteó entre el publico asistente un burro que tenía el nombre de Larita. Hoy hubiéramos hablado de una moto o de un coche.
Pero en la Feria no todo era diversión, sino que en relación a la idiosincrasia alcazareña, también había mucha filosofía y las coplas que marcaban la cultura de la población andaban de boca en boca por las placetas y en los puestos de la Feria. Se insertan aquí tres ejemplos de lo más propio del momento que ya se sabe que la fiesta pasa muy especialmente por el encuentro de los amigos y las familias y la celebración en comer y beber.
Del vino echemos un velo
Un ingenio peregrino
Lo llamó néctar divino
Que sin duda llaman vino
Porque nos vino del cielo
Sin desmerecer a lo que los alcazareños pensaban de su vino de aquel año está a su lado el queso.
El Queso se vendía al peso
Y desde la tienda a casa
Iba soltando tanta grasa
Que te quedabas sin queso.
Junto al queso y las costumbres del quesero, el alcazareño ya cuidaba entonces de uno de sus productos símbolo, al que siempre ha tenido devoción, todo buen paladar. Por cierto, el otro día me encontré en un escaparate de la capital, Madrid, con un sucedáneo de nuestras tortas, que me indignó, que aunque se parecía en la forma y la presentación, pero para nada en la calidad y característica del producto, ciertamente no está fabricado en Alcázar, pero se presentaba como “Tortas de Alcázar”. Veamos la copla.
Las tortas son superiores
Las buenas son raras
Las de ahora son peores
Pero las cobran más caras
Otro de los grandes hitos de la Feria de 1920, fue el teatro, contaba Alcázar en aquel año con dos salas de exhibición teatral el Moderno y el Principal, este último de corta vida se encontraba en los bajos del Casino, hoy edificio consistorial y el Moderno lamentablemente desaparecido hace ya una década bajo el nombre de Crisfel. Hubo representaciones de compañías de comedia y zarzuela En el Principal que se anuncia como programa inaugural en los pasquines actuó una compañía infantil con un programa doble. En el Moderno entre otras programaciones se anunció un concurso de bailes regionales, precedente indudable de nuestras noches de folklore y música popular de la feria, entonces el concurso, se amenizaba por una banda de guitarras y bandurrias y se concedían premios a las parejas que mejor bailaran las jotas, las rondeñas y las manchegas.
El programa de Feria estuvo organizado como corresponde por el Ayuntamiento que en aquel año presidía el insigne Inocente Sánchez Ajenjo y actuó como presidente de la comisión de festejos, Enrique Manzaneque que tanto se ocupó de Alcázar y sus cosas en muchos sentidos.
Aquella Feria estaba prevista para llegar a todos los vecinos e incluso se pensó en aquellos que tenían menos recursos, eran momentos en los que los servicios sociales estaban ausentes del panorama municipal y los organizadores pensaron en los niños pobres, con un reparto de juguetes. En el paralelo del tiempo en que hoy vivimos, casi un siglo después, afortunadamente hay una intervención social en este sentido que ampara muchas necesidades, pero la infancia sigue estando muy considerada en la feria actual con programaciones de espectáculos para niños y un día en el que las atracciones en el recinto feria son mas baratas, con el nombre de Día del Niño.
Aquí termina este viaje del tiempo al pasado que nos ha llevado de nuevo a los trenes de carbón, los animales tirando de los vehículos, las mujeres con vestidos casi tradicionales y un Alcázar conservado aun en la arquitectura popular y las costumbres mas ancestrales, en este numero de Tierra Manchega que hemos tenido a la vista para redactar estas notas se cita la siguiente copla, que queda como fuente de inspiración de las actuales demostraciones gastronómicas que como muchos jóvenes llaman se han convertido en “La noche de las gachas”
Un plato de migas
Unas gachas luego
Y entre los dos platos
El pisto manchego.
JOSÉ FERNANDO SÁNCHEZ RUIZ
Sociólogo. Director del Patronato Municipal de Cultura de Alcázar de San Juan hasta el mes de marzo de 2020, ha cambiado su perfil profesional a presidente de la Casa de Castilla La Macha en Madrid. En su dilatada carrera profesional ha realizado diversos trabajos en torno a la historia local de Alcázar de San Juan.
También tiene un blog donde publica algunos de sus trabajos https://miperrofederico.blogspot.com/



