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Primera Marca registrada de La Prosperidad Agosto de 1925

Nº 5 – Oficios – LA PROSPERIDAD

  • Última modificación de la entrada:20 de diciembre de 2021

Jesús Mª Lizcano Tejado.

Decía el Doctor Mazuecos en uno de sus famosos fascículos: Podrá ser mejor o podrá ser peor, pero Alcázar es así, agachadizo y altanero, más soñador que heroico, de bastante espuma como sus gaseosas de fama universal…”.

Y es que de entre los productos típicamente alcazareños y que han tenido especial predicamento dentro y fuera de esta amplia comarca, han sido sin duda y durante décadas, las famosas gaseosas de LA PROSPERIDAD y otros productos fabricados en esta genuina fábrica de bebidas de la localidad.

En casi todos los pueblos de la comarca existieron desde al menos los años 60 del pasado siglo, fábricas de gaseosas y derivados (1), pero la nuestra, la gaseosa alcazareña con esa mezcla especial de  nuestro agua del manantial de las Perdigueras, tratada, azúcar de caña (no dulcina como otras), gas carbónico y algún otro ingrediente secreto que daba a nuestra gaseosa ese característico sabor con matices cítricos, se convirtió en la número uno en muchos kilómetros a la redonda.  Las gaseosas de la Prospe, (apócope popular alcazareño del nombre de dicha fábrica)   así como sus sifones, zumos y refrescos de zarza, presidían   festejos, bodas, comuniones y otros momentos de ocio… pero también, en días de labor, en la casa, en el campo,… de todos los pueblos de la comarca, no faltaba la gaseosa de la Prosperidad, cuando llegaba la hora del rancho, y   entre bocado y bocado se hacían libaciones de esta exquisita gaseosa, en muchas ocasiones haciendo un jarrete  (hoy tinto de verano) con buena cantidad de vino de tinaja, del que se compraba a granel y se transportaba y guardaba en garrafa de cristal verde de viresa, enredá. Y qué decir de esos  botellines de zumos pequeñitos (de 25 cl.) en naranja o limón, sin gas, en los que se leía REFRESCO. LA PROSPERIDAD SA. ALCÁZAR DE SAN JUAN y DELICIOSO REFRESCO ELABORADOS CON ZUMOS NATURALES DE FRUTAS. SIRVASE FRIO. PROHIBIDO EL RELLENADO… junto con el escudo de Alcázar y la silueta de un molino, cuyos ingredientes secretos, basados en receta del valenciano doctor Trigo, quien elaboró el primer refresco cítrico y sin gas, no han sido igualados por su sabor, ni en tiempos pasados ni hoy. Sabores más naturales y con precios más competitivos que otros refrescos de difusión nacional como fueron Fanta o Mirinda, ambos con gas.

En muchas casas de Alcázar no se solían comprar estos productos, de modo que muchos niños solo  los bebían en la feria, cumpleaños o en casas de familiares o conocidos cuando se iba de visita y se agasajaba a los más jóvenes con un zumo de La Prospe. Aún muchos alcazareños recordarán el suave  regusto de los zumetes de La Prospe, ni muy dulces ni muy  ácidos,  que había que agitar antes de su consumo,  con un golpe seco en el culo del botellín, para mezclar bien el jarabe que se aposaba en la base, con el resto de ingredientes. Después, los más jóvenes esperaban ansiosos a que alguna persona mayor, con uno de aquellos abridores metálicos y con publicidad (cervezas del Águila, Alhambra, Calatrava,…   o de la misma Prosperidad) saltara la chapa que cerraba el recipiente herméticamente. Los muchachos andaban al quite además para ir recogiendo esas chapas, mejor si no se doblaban con la presión del abridor (donde ponía LA PROSPERIDAD S.A. ALCAZAR DE SAN JUAN) para ponerles la camiseta papel pintado y jugar a las chapas.

Hoy, parece inverosímil que esas chapas, esos pequeños objetos tan cotidianos que guardábamos en el taleguillo, (junto a cilindros, bolonchos y canicas, trompos y trompas…) sean piezas vintage, dificilísimas de encontrar por parte de sus coleccionistas.

Aunque las gaseosas, zumos y sifones más conocidos fueron los de “La Prospe”, sabemos que coexistieron durante algún tiempo con la fábrica de Gregorio Castellanos, situada en la calle Juan de la Cierva, de la que sabemos, amén de los cascos aparecidos en colecciones, que fabricó al menos sifones con la impresión serigrafiada G. Castellanos. ALCÁZAR DE SAN JUAN.

El  más  remoto  precedente  que  conocemos  fue  la fábrica  de  gaseosas  de  Enrique  Puebla situada en la Rondilla de la Cruz Verde fundada en  1892 según menciona don Rafael Mazuecos en el fascículo sexto, página 4, de su obra Hombres, lugares y cosas de La Mancha, adjuntando en dicho fascículo una foto de época donde se ven operarios, las máquinas de llenado y los esportillos de esparto para su distribución, antecedentes de las cajas que luego fueron mixtas, de madera y esparto, luego solo de madera, después metal y finalmente de plástico verde (normalmente para diez botellas). Desconocemos la fecha de cierre de dicha fábrica, aunque debió ser en época remota. Decir, que estas primeras gaseosas fueron usadas más como fármaco (facilitaba el eruptado) que como bebida habitual. Hemos podido localizar en Valdepeñas, en la colección Jesús Sánchez, de botellas de gaseosa y sifones manchegos, una curiosa botellita de gaseosa, datable entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX y con la inscripción: EL DESENGAÑO. ALCÁZAR DE SAN JUAN, que pudiese proceder de la mencionada fábrica, lo cual no obstante,  solo constituye una hipótesis (2)

Los  orígenes  exactos  de  La  Prosperidad  serían  inciertos,  pero  sí  es  seguro  que  nació  a principios del siglo XX entre un grupo de taberneros que acordaron fabricar diferentes bebidas, turnándose todos cada día en la gestión de la recién creada empresa. Estuvieron funcionando así  cerca  de  ocho  años, con el  objetivo  de  satisfacer  la  demanda  de  bebidas  gaseosas  y refrescos existentes en la época.   El 1 de febrero de 1913 se constituye como Sociedad Anónima,  en la escritura de constitución aparece con el objetivo de: “Explotar la industria y fabricación de vinos, alcoholes así como de bebidas espumosas, cervezas, gaseosas y otras análogas”. Los primeros productos fabricados fueron gaseosas, sifones y anís.  Y el primer Capital Social que tuvo la empresa estaba constituido por 300 Acciones de 50 pesetas, de valor nominal, ascendiendo por tanto a 15.000 pesetas. Las mismas se encontraban repartidas entre los socios fundadores: Cayetano Fuentes, Bonifacio Racionero, Manuel Esteban, Gregorio Racionero, Agustín Huertas, Julián Ortega, Romualdo Maldonado, Pedro Advincula y Manuel Úbeda, nueve personas a las que luego mediante compra de acciones se les fueron añadiendo muchas más. La importancia de la fábrica fue inmediata  como queda constancia que en 1917 la fábrica tenía ya entre 12 y 14  personas trabajando (3)

Su ubicación siempre fue la misma desde el origen, en la antigua Montijana, actual calle Corredera, esquina con la calle que lleva su nombre Prosperidad, esta fábrica en un principio de hielo y gaseosas, sifón (aguas de Seltz) y anís, también realizaban jarabes y aguardientes compuestos y que con los años se fueron especializando en más productos emblemáticos, como  zumos  naturales  y  sin  gas  de  naranja  y  limón  cuyo  envase  de  cristal  era  bajito  y regordete aunque con el paso del tiempo, su forma se fue estilizando y embelleciendo  y que llegaban a las casas  primitivamente en cajas de pleita de esparto y posteriormente en cajas de

madera de 24 puestos, con el estampillo en rojo LA PROSPERIDAD  S.A. ALCÁZAR DE SAN JUAN y con dos huecos laterales para poder asirlas con ambas manos, o su   famosa zarza, siendo este último un refresco antiguo, de color negro, natural pero gasificado, que se obtienía de un extracto de la zarzaparrilla  (Smilax aspera) que, mezclado con azúcar y agua carbonatada, da un líquido con propiedades diuréticas y tonificantes, que en Alcázar se solía beber cuando se iba a los numerosos cines distribuidos por toda la localidad (Crisfel, Alcázar, Mara, Ángel, Cervantes, Delicias y Cenjor), amén de otros lugares donde se proyectaba cine durante los años 40 y décadas siguientes (4) constituyendo sin duda la auténtica coca-cola manchega. Se vendía por unidades y en los ya mentados receptáculos para una capacidad de 24 botellas. Por el año 82 ver una película en el cine, amenizada con un botellín de zarza valía 300 pesetas, 275 y 25 pesetas. Luego le siguieron otros productos como la tónica y refrescos gasificados en botella de a litro (naranja, limón y cola) que hacían las delicias de los alcazareños y otras gentes de La Mancha.

Cabe reseñar que a principios del siglo XX al no existir frigorífico, las gaseosas se refrescaban en el cubo de agua sacado del pozo que normalmente había en cada casa o con el poco hielo comprado también en la Prosperidad, en las economías que podían permitírselo, usando unas fresqueras herméticas forradas con zinc antecedentes de las neveras portátiles que se comercializaron en los años 60.

Pronto en Alcázar se empezó a poner de moda el famoso papelón de garbanzos tostados y enyesados o habas fritas, con una gaseosa de a medio litro o el chorlito que consistía en la mezcla de vino blanco y sifón. Y como no olvidar el entrañable ya mencionado jarrete, mezcla de vino y gaseosa, siempre en azumbre de barro, que hacía las delicias en el momento de parada en las faenas del campo o en festejos y panetes con un puñao de alcahuetas o titos fritos.

La estación de ferrocarril por su parte sirvió de recurso para su promoción. Se tiene constancia que llegaron incluso a Nueva York  sus productos.  En la estación,  se solían vender primero en esportillos de pleita de esparto  (fabricados por la familia Molina, esparteros de toda la vida de Alcázar) (5) y en unos carros   con una cesta de mimbre para la venta en el andén. Siempre acompañada de bocadillos variados, las típicas tortas de Alcázar, caramelos, chocolate puro Nieto, Villajos o La Dulcinea,… y las famosas pipas en bolsa de plástico amarillo, de Emilio Arias o Fortunato Calcerrada. En verano también vendían helados de Eloy en cajas forradas de corcho y con hielo sintético y en invierno,  mistela, castañas asadas…, siendo este un sitio de mucho trasiego de gentes venidas de muchos puntos de la geografía universal que probaban y algunos volvían a repetir los productos más típicos de Alcázar.

La evolución de la fábrica a lo largo de la historia ha sido diversa, cabe reseñar que durante la Guerra Civil, la empresa se colectiviza como fábrica de hielo, sifones, gaseosas y aguardientes dentro del  conocido como I.V.A. (Industrias Vinícolas Alcazareñas) del sindicato UGT, donde se explotó por diferente personal y elementos mecánicos punteros de la época, por lo que siguió funcionando   su  actividad  industrial   en  este   periodo   tan  convulso  (Se  conocen  vales municipales de Alcázar de Cervantes de gaseosas).

Aunque no sería hasta los años 50, pasada la penuria de la guerra,  cuando se generalizó en

Alcázar los frigoríficos, que por un lado beneficiaron los productos al refrescarlos, pero por

otro lado perjudicó a la sociedad anónima porque le redujo considerablemente la venta de hielo para las neveras antiguas, aunque nunca se dejó de vender hielo para las nuevas neveras del veraneo en la laguna de Villafranca, desplazándose en los meses de calor diariamente un camión de la Prospe a dicha laguna para vender hielo a los hospedados en las casas de baños y domingueros.

Las gaseosas de la Prospe fueron evolucionando de envase a lo largo de su historia, como podemos observar en fotos de diversas épocas, fotos de banquetes, bodas y ferias, e incluso documentales de vídeo (6) así como en los distintos cascos antiguos conservados: las primeras de nuestras gaseosas eran de bola o de cuello Codd (botella inventada por el británico Hiram Codd en 1872 para contener bebidas carbonatadas). Se hacían a molde y tenían un estrangulamiento  en  el  cuello  para  alojar  una  bola  de  cristal  entre  dicho  cuello  y  boca rematada con una arandela de goma. Se llenaban puestas boca abajo y la propia presión de la gaseosa hacía que dicha bola de cristal fuera el tapón, bastaba con presionar con un dedo la bola para poder beber. Tenían una capacidad de unos 33 cl. Estas primitivas gaseosas de bola, iban decoradas al ácido, como la ya mencionada gaseosa de la Colección Jesús Sánchez (7). Después aparecieron las que llevaban estampado en bajorelieve la inscripción: LA PROSPERIDAD. ALCÁZAR DE SAN JUAN. Estos envases eran encargados a una fábrica de Barcelona que los hacía con el característico sello de La Prosperidad. Pero pronto se vio que había  que  reponer  continuamente  los  envases  que  eran  retornables,  pues  los  niños  las rompían para obtener las buscadas canicas de cristal, mejores que las de barro. Así se fueron sustituyendo por botellas con tapón de chapa o tapón corona, inventado por el irlandés Willian Painter en 1892, así como el abridor de este sistema,  apareciendo la esbelta y bella botella de gaseosa de la Prosperidad de medio litro,  en vidrio prensado y con motivos geométricos en relieve,  en  forma  de   dientes  de  sierra  y  decoración  impresa  con  la  inscripción:  LA PROSPERIDAD. ALCÁZAR DE SAN JUAN, conocida popularmente como la botella de La Giralda. De este modo, aparecieron por la localidad, junto a estos envases, bonitos abridores de acero grabado con la inscripción LA PROSPERIDAD S.A. ALCÁZAR DE SAN JUAN, hoy muy buscados por coleccionistas.

Este tipo de envase  que se desarrolló en las décadas de los 40 a 60 del siglo XX fue sustituido poco a poco ya  que una vez abierta la botella, había que beber el contenido pues de lo contrario, la gaseosa se disipaba. De este modo entró en España a partir de los 50 la botella con tapón mecánico y se impuso rápidamente y también lógicamente  en  las gaseosas de  ”La Properidad” . Este tapón fue inventado por el americano Charles de Quillfeldt y perfeccionado por el alemán Karl Hutter a finales del siglo XIX y es un mecanismo de alambre de acero y tapón de porcelana o china con estampación tampográfica en rojo (en los tapones de nuestra localidad: LA PROSPERIDAD ALCÁZAR DE SAN JUAN)  y con goma naranja  para hacer presión entre la porcelana y el cristal de la boca de la botella con el objetivo de que el gas no saliera. Pudiéndose abrir y cerrar a voluntad del usuario. Para embellecer el mecanismo se cubría con un caperuza de plástico con el logo de nuestra fábrica. Las primeras gaseosas alcazareñas con este tapón eran de vidrio prensado, con una bella decoración vegetal y un estampillo central, claramente modernista donde se lee LA PROSPERIDAD. ALCAZAR DE SAN JUAN.  Debido al encarecimiento de la botella, en breve tiempo, años 50 dicha decoración se redujo a un pequeño y elegante collarín en el cuello que rápidamente se dejó de hacer.  En este momento, el gobierno de Franco impone a todas las fábricas de carbónicos del país la obligatoriedad de

identificar  cascos  de  gaseosas,  zumos  y  sifones  de  forma  indeleble  haciendo  constar    el nombre de la fábrica, propietario, la localidad y el número de fabricante a la vez que estampar algunos de estos datos también en el tapón de porcelana.  El sistema usado para tal propósito fue el serigráfico por economía y sencillez. Bastaba con utilizar una o dos plantillas de goma con el hueco del dibujo (dependiendo si era monocolor o bicolor el modelo). Cada una de las plantillas se aplicaba al casco y se le daba una capa de un primer color, por ejemplo rojo y luego la otra plantilla con otro color, por ejemplo blanco (a veces había un tercer color que era el amarillo).  El barniz o esmalte de cada color se obtenía con arena de sílice coloreada. Una vez serigrafiada cada pieza, se metían al horno a una temperatura de 600 grados centígrados para que el esmalte vitrificara. Estos cascos personalizados eran encargados a almacenes de Madrid y Barcelona. En todas las localidades donde había fábricas de gaseosas, pintores locales o  aficionados a  la  pintura diseñaron bellos  bocetos en  dos o más colores  para  hacer  las plantillas y luego serigrafiar las botellas. Los motivos de la serigrafía de las fábricas de gaseosas manchegas solían ser diversos pero siempre entrañables y signos distintivos de cada localidad: motivos alusivos al Quijote y demás personajes de la obra, a imágenes de culto locales como santos patrones y Vírgenes, e incluso cuadros-exvotos, el escudo local, monumentos de la localidad,  o cualquier otro emblema reconocible por el colectivo. En el caso de la serigrafía de la Prosperidad, a pesar de nuestra insistencia, no hemos podido averiguar quién fue el autor del boceto, pero sí que es cierto que constituye un emblema local. Se trata de una serigrafía bicolor (blanco y rojo) donde aparece un sello circular y dentro la inscripción en un pergamino LA PROSPERIDAD S.A. en la parte alta, en el centro a la derecha un molino de viento y a la izquierda el escudo de Alcázar diseñado por el pintor Isidro Parra. En la parte inferior circunscrito en el círculo silueteado en rojo la inscripción en blanco: Alcázar de San Juan. En el tapón de porcelana, en estampación en rojo aparece la inscripción: LA PROSPERIDAD ALCAZAR S.A. Fte 2.191.

En los años 80 desaparece la clásica botella de gaseosa y zumo gasificado de la Prosperidad con serigrafía y tapón mecánico y aparece la botella de cristal con tapón de plástico a rosca y etiqueta de papel, con el apocopé de LA PROSPE  que será el último modelo de receptáculo de nuestra exquisita gaseosa, hasta su extinción.

Respecto de los sifones de la Prosperidad, decir que el sifón fue inventado por el francés Savaress en 1832 aunque el agua carbonatada, conocida después por agua de seltz   fue inventada por John Mathew en 1832 y pocas décadas después el francés Savaresse inventó la botella sifoídea, antecedente del sifón que hoy conocemos, un envase de cristal con agua carbonata o de seltz, embotellada a presión y con válvula de apertura. Los primeros sifones estaban recubiertos por una red metálica antiexplosión que luego se sustituyó por una red de goma y después de plástico. Las primeras cabezas o válvulas de sifón fueron de peltre o calamina. Siendo sustituidas por otras de nailon o plástico. Los sifones más antiguos que conocemos de la Prosperidad datan de los años 50 del siglo XX, e iban serigrafiados con los mismos  motivos  que  gaseosas,  zumos  y  zarzas.  Los  primeros  tenían  válvula  de  calamina, aunque pronto documentamos sifones con válvula mixta, plástico y calamina, imponiéndose finalmente los de plástico de diferentes colores, como sucede igualmente con las fundas antiexplosión, normalmente con plástico verde  con etiqueta impresa en dicha funda. Según parece, el sifón dejó de fabricarse en La Prosperidad años antes de su cierre debido a la falta de demanda, a diferencia de la gaseosa y los zumos (8).

Las botellas eran reutilizadas constantemente ya que cada casco por ejemplo en los años 50 valía una peseta y veinte céntimos.  Las familias inscritas como socias, recibían periódicamente los encargos de la Prosperidad. A partir de los 80 también podía ser adquiridas en diferentes supermercados de la época como “La Carmina”, “El Merkal”, pequeñas bodegas familiares donde se vendía el vino a granel, cines de la localidad… Pero “La Prosperidad” no solo repartía sus productos en Alcázar, sino en toda la comarca. Al principio en carros se llevaban bebidas y el hielo,  este último en barras, en un gran cajón de madera forrado interiormente con cinz. Luego, a partir de los 40 del siglo XX, se usaron camiones y camionetas  para reparto local y  a otras   localidades   como   Santa   Cruz   de   Mudela,  Villarta   de   San   Juan,   Puerto   Lápice, Socuéllamos, Pedro Muñoz, Villafranca de los Caballeros, Miguel Esteban, Argamasilla de Alba y Cinco Casas. En la década siguiente, en los años 90 esta fábrica cayó en decadencia que le obligó a cerrar sus puertas definitivamente debido a la masificación y variedad de bebidas procedentes de las grandes superficies y cadenas comerciales que se instalaron en la localidad, así  como  proliferación  de  fábricas  del  sector  que  ofrecen  grandes  cantidades  a  precios irrisorios. La figura del camión y repartidor o gaseosero de La Prospe ha quedado como un vago recuerdo en la retina de quienes conocimos aquella industria tan entrañable, tan nuestra, engullida por la globalización y la generalización de las grandes superficies.

 

(1) En Villafranca de los Caballeros, ESPUMOSOS PATIÑO, en Campo de Criptana LA CRIPTANENSE y EL OSO BLANCO, en Herencia ESPUMOSOS FERNÁNDEZ, En Pedro Muñoz ESPUMOSOS LA CHICOTA y LA ESPERANZA, En Argamasilla de Alba JIMENO. VIRGEN DE PEÑARROYA, En Tomelloso, SAN CRISTOBAL, TIBURCIO MERLO, VIRGEN DE LAS VIÑAS,  NAVARRO y FLOR DEL TURIA, en las Labores de San Juan, LA LABOREÑA, En Quintanar de la Orden, GASEOSAS GARCÍA, en Camuñas, GASEOSAS EL MOLINO, en Socuéllamos, LA FLOR DE LA MANCHA, en El Toboso, ESPUMOSOS DULCINEA, en Madridejos LA FAVORITA y ESPUMOSOS RODRÍGUEZ, en Consuegra,   ESPUMOSOS CASTILLO DE CONSUEGRA, en Urda, SANTÍSIMO CRISTO, en Villa de don Fadrique, GASEOSA TORRES, en Arenas de San Juan, SAN BERNABÉ APÓSTOL y GASEOSAS SANTIAGO PUÉRTOLAS. Incluso en aldeas y pedanías llegaron a existir este tipo de industrias como GASEOSAS LAGUNAS DE RUIDERA. JUAN DE MATA CAÑAS de Ruidera y GASEOSAS LA ALDEANA, de Arenales de San Gregorio.
(2)  Son numerosas las colecciones de sifones y gaseosas, así como publicidad, embalajes y maquinaria  relacionada  sobre todo  en  Cataluña,  aunque  la  mayor  colección  de gaseosas de España es la de Rafael Sánchez Barros en Calera y Chozas (Toledo) que aúna una buena muestra  de las miles de fábricas que hubo en todo el territorio nacional. Destaca dentro del ámbito de la comarca la ya mencionada colección JESÚS SÁNCHEZ de Valdepeñas. Sabemos de la existencia de al menos otras dos grandes colecciones en Manzanares, la de la familia propietaria del hotel y restaurante Menano y  otra más de la que tenemos pocas referencias. La mayor parte de las fotos de botellas de la Prosperidad pertenecen a la colección JESÚS SÁNCHEZ, cuyo propietario nos permitió acceder a su colección y a quien agradecemos toda su ayuda. El resto de botellas estudiadas han aparecido en casas antiguas, muchas de ellas preservadas al estar  reutilizadas  forradas de  fibra  vegetal,  para  llevar  agua  o  vino  al  campo. Igualmente pudimos rescatar muchos cascos antiguos de la Prosperidad en la gran escombrera que fue entre los años 40 a 60  del siglo XX,  el lugar donde hoy se localiza el hospital Asilo Santa Marta e igualmente otra gran escombrera situada en el camino de El Gamonal, pasado el arroyo del Albardial.
(3)   Alacena de deseos. D 18. 1988.
(4)  Agradecemos a Ángel Vaquero los datos sobre los cines que hubo en Alcázar desde la década de los años 40 del siglo XX así como otros datos que permitirían realizar un estudio más profundo sobre la historia del cine en el municipio.
(5)   Alacena  de  deseos.  Tercer  trimestre.  1987.  En  dicha  publicación,  la  periodista alcazareña   Betsabé Alhambra entrevistó a sus abuelos, Eugenio Molina y Benita Monreal,   últimos esparteros profesionales de Alcázar, mencionando el espartero Eugenio Molina, la dificultad en la elaboración de esportillos de pleita para gaseosas pequeñas y zumos, ya que había que hacer un pequeño rollo de pleita que constituía el cujón de cada recipiente. Sabemos que en La Solana se siguieron haciendo esportillos de  pleita  para  gaseosas  de  a  litro,     con  capacidad  para  diez  envases  que  se demandaban por toda La Mancha. Por las cajas de gaseosas conservadas, sabemos que después de las de esparto las hubo de madera con separaciones hechas de soguillas de esparto (para 10 gaseosas).
(6) Concretamente el realizado por la televisión local de Alcázar en el año 1991. http://www.youtube.com/user/TELEALCAZAR
(7)  El proceso de grabado al ácido constaba de los siguientes pasos:
1. Sobre una plancha de cobre se realizaba en altorrelieve, mediante buriles o herramientas similares, el motivo que se quería plasmar en el sifón o gaseo.
2. Se sumergía el casco en un baño de parafina líquida, calentada a unos 100º, con el fin de que la capa que quedara adherida a las paredes del envase fuera lo más delgada posible.
3. Se daba  la  forma  del  casco  a  la  plancha  de  cobre  que  contenía  el  motivo  en altorrelieve, y posteriormente se calentaba.
4. La plancha caliente se acoplaba con sumo cuidado al casco parafinado, con el fin de que las partes del relieve que estuvieran en contacto con la parafina la derritieran, quedando ésta adherida a la plancha.
5. El casco se introducía en un baño de ácido fluorhídrico, quedando las partes del sifón que seguían cubiertas de parafina intacta Dependiendo del tiempo que durara el baño en ácido se conseguía una mayor o menor profundidad en el grabado.
6. Una vez sacado el casco del baño se lavaba con abundante agua caliente, con el fin de desprender la parafina sobrante y neutralizar los restos de ácido.
(8) En otras fábricas de gaseosas de la comarca también se fabricaron sifones, siendo curioso el dato   de que en la decoración serigrafiada aparezca la expresión “sifón higiénico”, es decir, desinfectado, debido a la creencia popular que atribuía el uso de este recipiente para menesteres poco higiénicos, como lavativa y como sustituto del vidé.

COLECCIÓN DE BOTELLAS. Jesús Lizcano.
Fotografías  de Fernando Patón. 2021

Setenta y cinco años cumple la fábrica de gaseosa La Prosperidad.
Video Jose Luis Samper.

La Prosperidad 1990.
Alcázar Televisión.

Jesús Mª Lizcano Tejado.

Es Licenciado en Historia por la UCLM,  se dedica a la recuperación de la cultura material e inmaterial tradicional manchega, tiene diversas publicaciones y ponencias entono a la etnografía manchega. Es director honorífico del museo de cerámica Formma en Alcázar de San Juan  labor que alterna como profesor en la enseñanza secundaria.

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